Quiero compartirles una reflexión que hice hace algunos años, cuando residía en Chile. Hoy la leo y me parece tan vigente como antes. Entiendo que esta realidad no es particular de Chile si no que traspasa fronteras, territorios y culturas. El cuerpo de la mujer invisibilizado, la violencia normalizada, la mirada de un sistema deshumanizado en muchos sentidos.
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"En el zócalo de un hospital, a penas iluminado por los rayos que se filtran por ventanas de vidrio opaco, ocho mujeres están a punto de parir. Se escuchan los ruidos de los monitores fetales, gemidos de dolor y un teléfono que suena de vez en cuando. Pareciera que fuese un día gris y nublado, sin embargo, afuera esta soleado"
Estas son las primeras anotaciones de Michelle Sadler, durante 4 años fue testigo de 62 partos en los Hospitales San Borja Arriarán, Salvador y Luis Tisné (Santiago de Chile). Su detallado registro de 125 hrs. de observación son parte fundamental de la tesis que desarrollo para titularse de Antropóloga Social.
"Valeska, de 17 años, está muy asustada y se queja mucho. Llora y emite pequeños gritos. `No me pusieron anestesia´ dice. El personal de atención comienza a enojarse por su comportamiento: `¡Sin ruido!, ya no se ponga mañosa´. Le ponen la inyección de anestecia local en la zona de la episiotomía. Ella grita. Puja. Nace su hijo, lo ponen sobre el vientre de Valeska y ella intenta tocarlo, pero le dicen:`Abajo las manos, no lo toque´. Toman al recién nacido, se lo muestran rápidamente a la madre y se lo llevan a revisión. Valeska llora en silencio mientras la suturan. Al preguntarle como se siente, responde: `Mejor´. `¿Está feliz?´. `No´. Tampoco parece triste. Una auxiliar comenta: ´¡Qué impávida!´".
"Una mujer con problemas cardíacos sufrió un paro durante una cesárea. Mientras intentaban reanimarla, su hija recién nacida llora en la cuna, sola. La tomo en brazos para calmarla. Apoyada sobre mi pecho, busca el pezón chupando la piel. Nació casi a las 11 de la mañana. Ahora son las 12 y media. Una auxiliar joven entra a la sala con los ojos llorosos. Por su mirada entiendo que la madre murió. La recién nacida se pone a llorar con más fuerza. Tras un largo rato en mis brazos, se calma un poco. De pronto, otra auxiliar me llama la atención. Me dice que estoy malcriando a la guagua: ´Nadie la va a querer, es huacha(1), lo más probable es que se vaya en adopción`, me dice"
"Valeska, de 17 años, está muy asustada y se queja mucho. Llora y emite pequeños gritos. `No me pusieron anestesia´ dice. El personal de atención comienza a enojarse por su comportamiento: `¡Sin ruido!, ya no se ponga mañosa´. Le ponen la inyección de anestecia local en la zona de la episiotomía. Ella grita. Puja. Nace su hijo, lo ponen sobre el vientre de Valeska y ella intenta tocarlo, pero le dicen:`Abajo las manos, no lo toque´. Toman al recién nacido, se lo muestran rápidamente a la madre y se lo llevan a revisión. Valeska llora en silencio mientras la suturan. Al preguntarle como se siente, responde: `Mejor´. `¿Está feliz?´. `No´. Tampoco parece triste. Una auxiliar comenta: ´¡Qué impávida!´".
"Una mujer con problemas cardíacos sufrió un paro durante una cesárea. Mientras intentaban reanimarla, su hija recién nacida llora en la cuna, sola. La tomo en brazos para calmarla. Apoyada sobre mi pecho, busca el pezón chupando la piel. Nació casi a las 11 de la mañana. Ahora son las 12 y media. Una auxiliar joven entra a la sala con los ojos llorosos. Por su mirada entiendo que la madre murió. La recién nacida se pone a llorar con más fuerza. Tras un largo rato en mis brazos, se calma un poco. De pronto, otra auxiliar me llama la atención. Me dice que estoy malcriando a la guagua: ´Nadie la va a querer, es huacha(1), lo más probable es que se vaya en adopción`, me dice"
Todos estos párrafos son parte de la tesis realizada por Michelle. Párrafos que fueron publicados en la Edición de Mayo 2007 de la Revista Paula en un reportaje titulado:"NACER EN CHILE", ya tiene sus años pero lamentablemente la realidad no ha cambiado mucho. Obviamente que estás son solo algunas frases, que forman parte de un extenso e interesante artículo, que debo confesar me dio dolor de estómago leer...
Me pasan muchas cosas al repasar esta crónica, que quise compartir porque me pareció de una revelación absoluta del como nacemos, de cúal es nuestro primer acercamiento al mundo desde la cuna y que es simplemente decidor al escudriñar en la visión de mujer que hay detrás de esto.
El sistema en el que nacemos, es de una violencia brutal, cosa que se gráfica fielmente en los testimonios redactados al inicio. En este contexto ya se comienzan a volver invisible lo que se siente, opina o piensa los protagonistas de la historia, en este caso las mujeres-madres. La información es poco democrática y muchas veces iatrogénica(2)... Lo que convierte nuestros nacimientos en actos donde se evidencia la injusticia y la desnaturalización.
Las mujeres se entregan a este sistema sin reclamo, actuando como si hubiera una resignación aprendida de que esto tiene que ser así porque esta normalizado y validado. La violencia se invisibiliza no solo para quién la recibe, si no también para quien la ejerce (matronas, médicos, técnicos, etc). Pido disculpas de antemano, porque en lo personal me ha tocado conocer profesionales de este rubro que son maravillosos en el trato, humanizando el proceso, permitiendo que el curso sea diferente, crecedor y fascinante.
¿Qué me llamo la atención de este artículo?. Como desde este evento tan vital como es un nacimiento, el comienzo de la vida, se nos quita la humanidad. Los mujeres no tienen voz ni voto, los "profesionales" a cargo del proceso fragmentan el cuerpo humano en trozos aislables y medibles, ven síntomas, síndromes, enfermedades, pero nunca jamás a las personas detrás de ellos. Nuevamente la medicina científica occidental nos juega una mala pasada, invisibilizando el legítimo y objetivo hecho de que somos seres integrales, que no sólo poseemos cuerpo, si no también mente, emociones, e incluso me atrevo a agregar la palabra alma... ¿Y que vemos aquí? como se mecaniza y se deshumaniza el proceso de nacer. Me da terror que algún día sea yo quién este recostada en esa sala oscura y fría... replicando en mi cabeza las historias de este artículo y comparándolas con la mía...
Si yo soy la madre de este hijo, ¿por qué no puedo decidir en que posición tener a mi hijo?, ¿por qué me siento tan excluída de este proceso?... ¿por qué siento que soy solo un ser humano más y ni siquiera tengo la calidad de individuo o menos persona?...
Creo que comparto la hipotesis de Michelle, cambiar la forma en que nacemos es fundamental para cambiar como sociedad. Por primera vez, reconocernos como personas, como mujeres, como madres, como seres integrales y humanizar procesos tan fundamentales como el nacimiento, lo que permite que nuevas generaciones lleguen a este mundo en un ambiente distinto, de respeto y valoración incondicional. Donde yo soy participe de esto porque es MI proceso, donde no se invisibiliza la violencia, ni hay profesionales que solo atienden a síntomas y no a personas. Un canto que permita la proyección futura de seres humanos mas integros, felices y sanos.
(1) Huacho: un seudónimo par llamar a los niños con progenitor ausente (padre), para mi la alegoría de un país discriminador.
(2) Iatrogenia: Patología producida por intervención médica.
Para quién se interese por una visión diferente, les dejo una parte de la entrevista realizada a Claudio Naranjo, psiquiatra chileno, gestáltico que habla sobre este tema: Parto Orgásmico
